4 Claves al momento de vestirnos para danzar a Dios

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Éxodo 28:4 dice:

Las vestiduras que harán son estas: el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la mitra y el cinturón. Hagan, pues, las vestiduras SAGRADAS para Aarón tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis sacerdotes.

Todos somos sacerdotes, todos somo real sacerdocio delante de Dios. En estos versículos vemos como a Dios le importa que la vestidura que lleven los sacerdotes sean sagradas.

Sagrado: significa, que está dedicado a Dios, y que no debe ser transgredido ni dañado. Transgredir significa: quebrantar o violar. Lo que quiere decir que esa forma en que Dios dijo que se debían hacer las vestiduras sacerdotales no se podía violar, o quebrantar.

Aquí vemos en estos versículos que a Dios si le importa la forma en como nos vestimos. Y como vestimos el templo del Espíritu Santo.

Y aquí entra lo que es la modestia, el decoro, el pudor, y el recato:

-Modestia: Decencia en acciones y palabras. En este caso decencia al momento de vestirnos.

-Pudor: Sentimiento que impide mostrar el propio cuerpo, respeto a las reglas sociales de la moral y la decencia.

-Decoro: Dignidad en el comportamiento y el aspecto. Honra y Pureza.

Recato: Ser recatada es tener cuidado de no parecer provocativa.

Estas definiciones de estas palabras debemos aprendérnosla porque no solamente nos vestimos bien para agradar a Dios, sino también que seguiremos los códigos de vestimenta para cada ocasión.

Si vamos a danzar debemos tener presente que no podemos enseñar nada de nuestro cuerpo. No solamente porque a Dios no le agrade, sino también porque no estamos danzando solas. Hay más personas adorando con nosotras y nos están mirando, muchos de ellos son hombres, y no queremos hacerlos pecar, ni distraer a nadie de la adoración.

Por eso también es importante, que pensemos en como no distraer a las personas que están adorando con nosotros.

Entonces cuando venimos ante Dios debemos venir con lo mejor que tengamos, sobre todo cubriendo nuestros cuerpos. Y más que nada con nuestra mejor adoración, con un corazón dispuesto a adorar a Dios y ministrar su pueblo a través de los dones que nos ha dado.

Sarah Yuritza